Alex, tres días de vida

Os contaba estos días a través de las redes sociales, que este sábado próximo será el bautizo de mi sobrino Alex. Ese canijo que llegó al mundo hace unos meses para robarnos el corazón. Y mira que tengo sobrinos, que no es por presumir, pero ya tengo unos cuantos (es lo que tienes ser la pequeña de cinco hermanos), pero este es al primero al que he conocido nada más nacer. Mi otras hermanas viven en Alemania( un día les dio por darse a la fuga, y aún no han vuelto, menos mal que existen cosas como Skype…!), así que nacimiento tras nacimiento me los he ido perdiendo todos…menos este.

Así que, como pequeño homenaje por su bautizo, y porque es otra de las cosas que tenía más que pendientes, voy a publicar por fin las fotos que le hice en el hospital de recién nacido y las que le hice días más tarde en casa.

Hoy os enseño las imagenes que pude capturar con mi cámara. Aún se me ponen los pelillos de punta al recordar lo que sentí al verle tan chiquitajo en su cunita, tan bebé, tan bonito. Espero que os gusten, tanto como ha mi me encantó hacerlas 🙂

 

 

 

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Echa un ojo aquí 🙂

 

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Katalin, un año de vida

Hace un año…

Hace un año eran las 6 de la mañana cuando empece con unas molestias ”como de regla”. Tremenda como estaba, me levanté por decimocuarta vez para ir al baño, y ahí estaba, ese dolorcillo tan familiar, y tan extraño al mismo tiempo. “Qué rara me siento”, pensé, pero no le di más importancia. Xabi se despertó, se fue a trabajar y me quedé en la cama esperando. Esperando a que el dolorcillo parase un poco, pero aquello no me dejaba de molestar. La niña ya estaba casí sin sitio para moverse y mi tripa estaba inmensa con la piel tirante como la de un tambor.
Y aquello no se paraba, pasaron un par de horas y yo sin dormir, enganchada a mi grupo de “WhatsApp” de las chicas del curso de maternidad del ambulatorio. “Tu estas de parto” me dijo Rosa, “eso son dolores de inicio de parto”, “sube al hospital a que te vean que te vas a quedar más tranquila”. Y ahí que le llamo a Xabi, muy tranquila estaba yo todavía la verdad,” vente que estoy rara y quiero que me ven en el hospital”. Incluso mientras esperaba a que viniese me dio tiempo a darme una buena ducha para aliviar el dolor, y a cerrar la maleta del hospital(por si las moscas). Allá que llega él, bastante tranquilo también, viendo que yo estaba estupendamente. Salvo por esas molestias y el evidente inmenso barrigón, nadie hubiese dicho que ya esta de parto.
Nos subimos y me confirmaron que aquello ya se había puesto en marcha, la pequeña tenía ganas de llegar y mi trabajo real de parto podía iniciarse en cualquier momento. En horas o en días, nadie lo sabía. Me sentí como un gran barco que esta a punto de zarpar, con toda la tripulación corriendo para levar ancla y emprender la laboriosa tarea de salir de puerto.
“Cuando tenga la cara como de comer limones nos la traes otra vez”, palabras de la ginecóloga a Xabi. Y con la maleta en el maletero y mucha ganas de ver qué pasaba nos fuimos tan ricamente a desayunar, un buen cafe con un buen bollo.
Ay ilusa pelusa de mi…para cuando aparcamos el coche ya me costaba andar y casi casi llegar al bar fue tarea complicada. Desayuné con más molestias que antes, pero desayuné. Xabi me dijo que se volvía al trabajo a cerrar un par de cosas…y para cuando me terminé el café le dije que no se iba a ninguna parte, que aquello ya esta empezando DE VERDAD: Recuerdo salir del bar y cruzarme con un hombre que me dijo…”tu no pasas de esta noche”. Una mezcla de ganas de arrancarle la cabeza por el dolor que sentí justo en ese momento, y de alegría inmensa por saber que tenía razón se apoderó de mi.

Y ya no podía ni andar. Subir las escaleras de casa fue como ver a una ballena varada ahogada en la playa y llorando. Derecha a la cama, a cronometrar, aquello estaba cogiendo muy buen ritmo y todo parecía ir sobre ruedas, con dolor, pero sobre ruedas. Me puse música relajante y a soplar como una burra. Hiperventilando y estrujando la mano de Xabi, así me tiré la siguiente hora y media. Fue tiempo más que suficiente para sentir esas terribles contracciones cada escasos 5 minutos. Y vuelta al hospital.

Ya cuando crucé de nuevo la puerta de urgencias no tuvieron más que verme la cara de haberme comido un camión de limones para ingresarme de la misma. “¡Si ya estás de 5!” Aquello  era muy buena noticia, todo el proceso estaba en marcha, e iba a ser ágil y sencillo, o eso me pensaba yo.
No quise epidural. Quería sentir nacer a mi hija, y así lo respetaron y lo apoyaron. Erika, la matrona que me atendió fue como un gel de la guarda, no tengo más que palabras de agradecimiento para ella y todo el equipo del hospital que me atendió.
Creo que debí de asustar a la mujer del la habitación contigua, y es que mis gemidos parecían salir de mis entrañas. Oleadas del dolor más grande que he sentido en mi vida sacudían mi cuerpo una y otra vez. Todo estaba acelerado y activo, y nada podía pararlo. La naturaleza esta en pleno apogeo, parecía un festival aquello que me estaba pasando.
Y no aguanté. A los 9cm pedí que me pinchasen anestesia. Me asusté, me pudo el miedo.
El miedo a no tener fuerzas para empujar, el miedo al dolor, el miedo a desmayarme, el miedo en definitiva. Y nada se mueve con miedo, todo se para con el miedo…las cosas sólo se mueven con amor, pero eso no lo sabía en aquel momento.
A las 18:06 de la tarde del viernes 29 de Noviembre de 2013 nació mi pequeño jamoncito, llorando como un gato, y yo sin saber que hacer ni que decir. Me quedé muda y paralizada. Era tan grande el regalo, tan extraña la mezcla de olores, sonidos y visiones, que mi mente se colapsó, hasta que le incontrolable llanto de Katalin me hizo salir de mi letargo y abrazarla y llorar de felicidad. Una de las sensaciones más bellas, llorar de felicidad. Por fin éramos tres, éramos mi pequeña nueva familia. Xabi, Katalin y yo.

2blogIMG_9976Perdón por la calidad de la foto…pero vale más por lo que significa que por otra cosa 🙂

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Tenía muchas muchas ganas de escribir esta entrada.
Ha pasado ya un año y un día desde que di a luz a mi pequeña, al mayor regalo que se puede tener en la vida. A lo largo de todo este intenso año han habido una multitud de cambios, tanto a nivel personal como profesional. Desde el nacimiento de Katalin han pasado muchísimas cosas; el cierre del estudio, el nacimiento de Petitlolarte, la evolución de Lolartestudio, y por supuesto todos los cambios personales por tener a mi pequeña apéndice/amante colgada de mi todo el día(y lo encantada que estoy, ojo!).

Tener ha Katalin he hecho que cambie completamente mi punto de vista acerca de la maternidad y las familias, acerca de lo que supone un embarazo y por supuesto un parto. Vivirlo en primera persona me ha hecho conectar con mi lado más animal, con mi instinto más profundo.
De repente algo cambia en tu configuración mental, algo sucede con tu alma, que se expande en mil pedacitos, porque en cada hijo va una gran parte de ti.
Es verdad eso del cordón invisible, por lo menos yo lo siento así.
Es verdad eso del amor infinito, eso de que sacas fuerzas de donde no las hay, de que aflora tu capacidad para permanecer, horas, días e incluso semanas despierta, que tu paciencia se vuelve infinita, que te organizas mejor que la agenda de la Casa Blanca…y que cometes errores…muchos errores.

Como primeriza he pecado de tantos y tantos tópicos que me asusta reconocerlo. He pecado de madre sobreprotectora, de ponerle crema en el culo como para una familia de octillizos, de salir casi corriendo al pediatra por un “achuuuus”, de abrigarle hasta las orejas (y tu en manga corta), de leer demasiado en internet y creerme médico de familia(y de urgencias!) y salir corriendo al medico de nuevo yendo con el diagnostico casi resabido; de fotografíar(¡cómo no!) cada “primer momento”, la primera vez que babea, la primera vez que sonríe, la primera vez que come, que gatea, que anda, la primera vez que tienes un hijo…y tu estado mental esta atocinado. Si señores, así lo defino en conclusión. Los padres primerizos estamos en gran parte “atocinados”, Y es que es tan fácil quererles, y tan fácil hacer cualquier cosa por ellos…darías al vida dice, sí, la daría.

Y como madre petarda primeriza ayer fue un día de locos. Jajajajaja
Organizar un fiesta de primer cumpleaños ha sido, debo decir, un pelín vara volverse majara, por la carga de trabajo que tengo ahora mismo. Pero claro…yo no quería cualquier cumpleaños, quería “EL CUMPLEAÑOS”(He dicho ya que soy madre primeriza idiotizada???). Así que llevo las últimas tres semanas pensando, organizando y comprando todo lo habido y por haber para hacer realidad lo que más o menos tenía en mente. Con tanta ajetreo que me traigo, al final ha sido mucha inspiración de última hora, pero bueno, estoy muy muy contenta.

Katalin ayer estaba atolondrada la pobre, con tanta felicitación, cumpleaños feliz y zorionak varios. Pero si que intenté que la fiesta fuese “corta”(un par de horitas escasas fueron suficientes) para poder seguir el resto del día con nuestra rutina, que es donde ella se siente feliz y segura.
En la mesa, como ya os contaba el jueves pasado, puse un par de cajitas como con más de 500 fotos(no, no estoy exagerando), de todo este primer año de vida. Hice una selección de todo lo que he sacado con mi cámara y todo lo que teníamos con el móvil, que vaya peligro tenemos los padres primerizos con los hijos y las fotos del móvil. Y la verdad es que hace ilusión ver todo ese recorrido, todos esos cambios, todos esos pequeños logros. Cada día es un reto para un bebe, cada cosa nueva, cada sensación nueva a la que se enfrenta le hace crecer y evolucionar, y me parece un milagro formar parte de todo ese proceso.

Parte de ese seguimiento de todo este año a lo paparazzi, ha sido mi reto mensual de fotografiar a Katalin junto a su dudú, para ver las diferencias de mes a mes, y vaya cambio, madre mía. El pobre conejito parece que se va encogiendo a medida que pasan los meses, jajajajaj.
Cuando tenía el estudio, ya hice más de un seguimiento de primer años, pero lo enfocaba más como mini-sesiones. Ahora lo he simplificado mucho más, y tan sólo es una foto, en un mismo”escenario”, y la verdad que ya tenía empezado el de Katalin cuando me topé con un montón de ideas geniales, pero el concepto es el mismo, un escenario y 12-13 fotos de evolución. Ahora teniendo ya el montaje que he hecho(A falta de la foto de los 12 meses) lo mandaré a imprimir en un tamaño majo para poner en su habitación, a ver que tal queda :)Como ayer fué un día de locos, no hemos podido hacerle la última foto que falta, así que esto os lo enseño mañana, ya con el montaje completado, que ya veréis que rebonico que ha quedado.

Y no me enrollo más, os dejo con algunas fotos del día de ayer y de la fiesta, que la verdad, me quedé con ganas de hacer más, pero no me dio ni tiempo casi para nada! Espero que os gusten! 🙂
Abrazos a todos!

 

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Katalin, nuestro pequeño milagro

Y qué mejor forma para arrancar nuestra nueva página que presentando oficialmente a nuestro milagro.

 

Como muchos sabréis el pasado 29 de Noviembre di a luz a la pequeña Katalin. Ya han pasado 6 semanas, aunque para mi han sido un suspiro.

 

Aquella mañana me levante mas molesta de lo habitual, revueltilla que digo yo, y resulta que era la chiquitina que ya estaba preparándose para salir. El parto fue la experiencia mas increíble y maravillosa que he vivido nunca. Un proceso tan instintivo, que te conecta con la parte más animal que todos llevamos dentro.

Marcaba el reloj las 18:09 cuando escuche ese llanto afónico por primera vez. Y el contacto piel con piel…aun se me pone la piel de gallina solo con recordarlo. Muchas emociones, sentimientos nuevos, todo dirigido por el festival de hormonas que era mi cuerpo en esos momentos.

Y al mismo tiempo paz, mucha paz. Parecía que el tiempo se hubiese parado, nada más importaba, solo disfrutar del inmenso placer de contemplarla y alimentarla.

Fue al día siguiente por la tarde, 24h después del parto, cuando pude levantarme para coger mi cámara y tomar algunas imágenes. Xabi fue el encargado de fotografiarnos a la chiquitina y a mi juntas, y creo que tiene un futuro prometedor como fotógrafo 😉

Cada vez que las miro consigo teletransportarme a ese momento, volver a oír y sentir como aquella tarde, volver a recordar casi casi el olor a jamoncito que tenía mi pequeña.

 

Espero que disfrutéis de estas imágenes, para mi son un tesoro que os enseño con mucho orgullo, pues están repletas de amor.

 

Que tengáis un feliz fin de semana, nos vemos por aquí 😉

 

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